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20 may. 2012


Alumbra tu camino
 
Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquélla.
En un determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
- ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves...
Entonces, el ciego le responde:
- Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí...

No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. 

Jorge Bucay


Las diez personas mas buscadas
1.-La que tiene sonrisa agradable y sincera.

2.-La que puede ver sus propios errores antes que los errores de los demás.

3.-La que da su tiempo y talento sin intereses recíprocos.

4.-La que se entrega totalmente a un proyecto y le atribuye este a sus
colaboradores.

5.-La que está dispuesta a decir: "Me equivoqué, discúlpame".

6.-La que puede hacer frente a la tentación y decir "no".

7.-La que se ocupa de sus hijos en vez de otras personas.

8.-La que comienza el día positivamente.

9.-La que da ejemplo en vez de buscarlo en los demás.

10.-La que prefiere ayudar antes de ser ayudada.

Si usted encuentra estas personas dentro de su misma persona, entonces todo podrá ser mejor para usted, su familia y los que le rodean


Crecer duele

¿Por qué en determinadas situaciones continuamos defendiendo
 actitudes negativas y autodestructivas a pesar de la evidencia en contra?
¿Por qué permanecemos atados a la irracionalidad pudiendo salirmos de ella?
Anthony de Mello decía que los humanos actuamos, como si viviéramos
 en una piscina llena de mierda hasta el cuello y nuestra preocupación principal
se redujera a que nadie levantara olas. Nos resignamos a vivir así, limitados,
atra­pados, infelices y relativamente satisfechos, porque al menos mantenemos
 los excrementos en un nivel aceptable. Confor­mismo puro.
La revolución psicológica verdadera sería salirnos de la piscina, pero algo nos lo impide,
 como si estuviéra­mos anclados en un banco de arena movediza que nos chupa, lentamente.
 El pensamiento que nos prohibe ser atrevidos y explorar el mundo con libertad
 está enquistado en nuestra base de datos:"Mas vale malo conocido que bueno por conocer".
La mayoría de las personas mostramos una alta resistencia al cambio.
Preferimos lo conocido a lo desconocido, puesto que lo nuevo suele
generar incomodidad y estrés. Cambiar implica pasar de un estado a otro,
lo cual hace que inevitablemente el sistema se desorganice para volver a
organizarse lue­go asumiendo otra estructura.
Todo cambio es incómodo, como cuando queremos reemplazar unos zapatos viejos por unos nuevos.
Teilhard de Chardin consideraba que todo crecimiento está vinculado a un grado de sufrimiento.
 El cambio requiere que desechemos durante un tiempo las señales de seguridad de
 los antiguos esquemas que nos han acompañado durante años, para adoptar
 otros comportamientos con los que no es­tamos tan familiarizados
 ni nos generan tanta confianza. Cre­cer duele y asusta.
La novedad produce dos emociones encontradas: miedo y curiosidad.
 Mientras el miedo a lo desconocido actúa como un freno, la curiosidad obra
como un incentivo (a veces irre­frenable) que nos lleva a explorar el mundo y a asombrarnos.
Aceptar la posibilidad de renovarse implica que la curiosi­dad como fuerza
positiva se imponga a la parálisis que genera el temor. 
Abandonar las viejas costumbres y permitirse la re­visión de las creencias
que nos han gobernado durante años requiere de valentía.

Walter Riso - "Pensar bien, sentirse mejor"


Dejemos las Excusas

Se dice que muchos años atrás el Virrey de Nápoles hizo una visita a Barcelona, España. En el puerto había un barco de remos, una galera, con prisioneros condenados a remar, castigo usual para la época. El Virrey se acercó a los prisioneros y les preguntó que había pasado, que los había llevado a estar ahora en esta situación. Así escuchó de primera voz terribles historias.

El primer hombre dijo que estaba allí porque un juez aceptó un soborno de sus enemigos y lo condenó injustamente. El segundo dijo que sus enemigos habían pagado a falsos testigos para que lo acusaran. El tercero dijo que había sido traicionado por su mejor amigo, quien escapó de la justicia dejándolo. Y así por el estilo.

Finalmente el Virrey dio con un hombre que le dijo: “mi Señor, yo estoy aquí porque lo merezco. Necesitaba dinero y le robé a una persona. Estoy aquí porque merezco estarlo.”

El Virrey quedó absolutamente anonadado y volviendo sobre el capitán del navío de esclavos dijo: “aquí tenemos a todos estos hombres que son inocentes, están aquí por injustas causas, y aquí este hombre malvado en medio de todos ellos. Que lo liberen inmediatamente, temo que pueda infectar a los demás”.

*** desconozco  autor ***


Vivir con ilusión
 
Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó:
-¿Qué están haciendo ustedes aquí?
El obrero lo miró con dureza y le respondió:
-¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de Ingenieros, Arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos en la obra el pellejo.
El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo.
-Aquí, como usted bien puede ver, picando piedras para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a los hijos.
Se acercó el visitante a un tercer obrero y una vez más le preguntó lo que estaba haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo:
-Estamos levantando un Hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.
El mismo trabajo, el mismo sueldo, la misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivirla: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío.
Piensa que el mundo es un infierno y lo será. Piensa que este mundo es parte del Paraíso y lo será.
Vivir con ilusión, convertir el trabajo en una fiesta, sentirnos parte de las buenas obras...


Desconozco  autor


Todo con una ronrisa.
 
Todo lo que sé sobre el arte de las ventas me lo enseño Walt, mi padre, una tarde en su mueblería de New Era, Michigan. Yo tenía apenas doce años.
Estaba barriendo el piso cuando una mujer madura entró en la tienda. Le pregunté a papá si podía atenderla.
-Seguro -me contestó.
-¿Puedo ayudarla?
-Sí, jovencito. Compré un sofá en esta tienda y se le desprendió una pata. Quiero saber cuándo podrán ir a arreglarlo.
-¿Cuándo lo compró, señora?
-Hace aproximadamente unos diez años.
Le dije a mi padre que la mujer pensaba que le íbamos a arreglar gratis su viejo sofá. Él me contestó que fuera a decirle que estaríamos en su casa por la tarde.
Después de atornillarle una nueva pata al sofá, nos despedimos y, en el camino a casa, papá me preguntó:
-¿Qué es lo que te preocupa, hijo?
-Sabes bien que quiero ir a la universidad.
Si nos dedicamos a arreglar sofás viejos sin cobrar, ¡nos iremos a la quiebra!
-De todos modos tenías que aprender a reparar esa pata. Además, no te diste cuenta de lo más importante. No te fijaste en la etiqueta de la tienda cuando volteamos el sofá. Lo compró en Sears.
-¿Quíeres decir que hicimos el trabajo sin ganar nada y que, además, la señora ni siquiera es nuestra clienta?
Papá me miró fijamente y me dijo:
-Será nuestra clienta a partir de hoy.
Dos días después, la señora regresó a nuestra tienda y compró varios miles de dólares en muebles nuevos. Cuando se los entregamos, colocó un frasco de un galón lleno de cambio, de billetes de uno, cinco, diez, veinte, cincuenta y cien dólares, encima de la mesa de la cocina.
-Tomen lo que necesiten -dijo antes de abandonar la habitación.

Me he dedicado a las ventas durante treinta años a partir de ese día. He tenido el promedio de ventas más alto en todas las organizaciones que he representado, porque tengo la costumbre de tratar a cada uno de los clientes con respeto.

Michael T. Burcon

MANTÉN INTACTA TU INTEGRIDAD
Si renuncias a tu integridad para conseguir lo que deseas, sea lo que
fuere que obtengas no valdrá la pena. Si vas en contra de tus
principios por perseguir algo material, o determinada posición, aún
si lo logras, la victoria será vacía.

La realización y la felicidad provienen de los logros en los cuales
pones lo mejor que tienes. Los premios y las victorias son tuyas para
que las atesores, en la medida en que expresen tus más profundos
valores.

El valor del logro depende de los valores que pusiste en él. No hay
atajos hacia una vida con sentido. No se puede comprar ni puede ser
robada. La única manera es creándola.

Sé quien tú realmente eres, mientras trabajas por lo que realmente
anhelas. Mantén intacta tu integridad, y los frutos que coseches
serán dulces de verdad.
 
"Fuego para El Alma"

Nos acostumbramos

 Nos acostumbramos a vivir en departamentos y a no tener otra vista que no sean las ventanas de alrededor.
Y porque no tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera.
Y porque no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.
Y porque no abrimos del todo las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.
Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.
Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.
A tomar café corriendo porque estamos atrasados, a comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto.
A salir del trabajo porque ya es la tarde.
A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.
Nos acostumbramos a esperar el día entero y oír en el teléfono: "hoy no puedo ir".
A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.
A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.
Si el cine está lleno, nos sentamos en la primera fila y torcemos un poco el cuello.
Si la playa está contaminada, sólo mojamos los pies y sudamos el resto del cuerpo.
Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer vamos a dormir temprano y quedamos satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.
Nos acostumbramos a ahorrar vida.
Que, de poco a poco, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

Alguien dijo...
"LA MUERTE ESTA TAN SEGURA DE SU VICTORIA,
QUE NOS DA TODA UNA VIDA DE VENTAJA"...

desconozco autor

 
Mejor callar
 
No hables mal de la vida ajena.
Solo lo hacen las personas frustradas y pobres de espíritu.
Si no puedes decir todo lo bueno que sabes de alguien, no digas nada.
Hablar mal del prójimo es el arma de los débiles, de los envidiosos y de los incompetentes.
Si haces así, perderás la confianza de las personas, e inevitablemente, los amigos se apartaran.
Dí todo lo que sepas de bueno de una persona, por mala que sea, siempre tiene su lado bueno.
Con discreción y buen ejemplo, tu atraerás la confianza de todos.

Iran Ibrahim Jacob

Tienes derecho a ser tu Mismo

Uno de los personajes más memorables de mi niñez fue un caballero bastante excéntrico al que todos conocían simplemente como Carlos. Cuando recuerdo mi antiguo barrio, vienen a mi mente un sin fin de personajes, pero los recuerdos de Carlos son siempre felices. Yo era muy joven cuando vi por primera vez a Carlos. Estaba haciendo lo que más le gustaba: caminando al fresco, aparentemente sin destino, cantando una ópera.

¡Qué bien cantaba ese hombre! Arias de Puccini, Verdi y Donizetti. Algunas veces se detenía por un instante, alcanzaba una nota alta y gesticulaba dramáticamente ignorando a los que lo rodeaban. Mamá decía que debía de estar un poco loco pero que cantaba bien y eso era muy hermoso. Todos estábamos de acuerdo. Puesto que sólo actuaba algunas veces, nunca dejó de resultarme novedoso escucharlo cantar de ese modo. Nunca nadie se sintió molesto u ofendido. Las personas lo miraban y sonreían. A Carlos no le importaba su opinión. Simplemente caminaba haciendo lo que le gustaba.

Nunca supe qué fue lo que le sucedió a Carlos. Sólo sé que dejó de venir. Quizás esté dando serenatas, en otros barrios. Siempre he sospechado que muchos de los que consideraban que era un poco raro, también lo admiraban secretamente. Él se atrevía a compartir con los demás lo que la mayoría de nosotros, por temor al qué dirán, nos guardamos en nuestro interior. Después de todo, las personas normales’’ cantamos debajo de la ducha. Pero este individuo se dejaba llevar por su propio impulso gozoso, sin preocuparse por la reacción de los demás. La historia conlleva una sabia moraleja: Tienes derecho a ser tú mismo.

Muchos pasamos la vida complaciendo a los demás y adaptándonos a la imagen que tienen de nosotros. Dentro nuestro siempre hay una voz insistente que nos recuerda, si la escuchamos, quiénes somos y qué es lo correcto para nosotros.

Es reconfortante saber que las personas que nos son importantes seguirán amándonos, aun cuando algunas veces nuestra forma de ser resulte un poco alocada. Estas personas son tan especiales porque nos aceptan tanto en la locura como en la cordura. Reconocemos y valoramos esto cuando decimos cosas tales como: Puedo ser yo mismo cuando estoy con él, o Le gusto a ella tal cual soy. Tarde o temprano descubrimos siempre que no podemos personificar a otro a la perfección. Las personas siempre me dicen: Gracias por ser usted’. Y siempre respondo: Durante años traté de ser otro y no funcionó.

*** Leo Buscaglia ***

El Océano
 
"Usted perdone", le dijo un pez a otro,
"es usted más viejo y con más experiencia que yo
y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame:
¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano?
He estado buscándolo por todas partes, sin resultado".
"El Océano", respondió el viejo pez,
"es donde está ahora mismo".
"¿Esto? Pero si esto no es más que agua...

Lo que yo busco es el Océano, replicó el joven pez.
Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar.
Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar.

Anthony de Mello