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11 jul 2011

Mis arrugas

Mis arrugas

No podría vivir sin ellas. Son mis cómplices, me
acompañan a todas partes
y hacen parte de mi identidad.
Gracias a ellas tengo,
desde hace ya años, la
cara que merezco. Las que encontraron refugio en la
esquina de mi mirada,
nacieron de un amor no correspondido, de un imposible
encuentro, de una
demasiado breve pasión, de una angustia materna y de
algunas noches de insomnio.
Las que habitan en la comisura de mis labios son las de la
risa, del humor, de
la nostalgia, de la felicidad y de la ternura, no sabría
vivir sin ellas.

Algunas mujeres me han preguntado por qué no me hago la
cirugía estética.
Esta cirugía lo aplana todo, pero sobre todo, los
recuerdos y la memoria,
asegurándote que a los 58 años puedes lucir nuevamente
de 38.................., y
dígame por qué lucir de 38 cuando uno tiene 58?

Por qué renegar de la cara, de la piel y sus surcos
cuando son años vividos,
dolores y risas que han moldeado la expresión y que le
han dado un reflejo a
la mirada y un sentido a la sonrisa?

Las arrugas sólo atestiguan que uno ha vivido y no
renunciaré a ellas por
nada. Tengo 58 años y no renegaría de uno solo de mis
años. No quisiera
perder en los breves y certeros movimientos de un bisturí
la década de los 80,
década de mi clara decisión de trabajar con y para las
mujeres de este país,
década del nacimiento del grupo 'Mujer y Sociedad'
de la Universidad Nacional y
de la adolescencia de mis hijos. No quisiera negar la
década de los 90,
durante la cual descubrí en mi, gracias a la práctica de
un aprendizaje de la
sonoridad, expresión femenina de la fraternidad, una
fuerza tranquila que me
permite afianzar mis escogencias de vida de este complejo
país que aprendí a
amar poco a poco.

Por cierto, me cuido, como razonablemente, ya no fumo y me
gusta caminar en
esta Bogotá que ya nos lo está permitiendo. Sé por fin
quiénes son mis
verdaderos amigos y sobre todo, amigas y descubro lo
delicioso de saber decir 'No'
cuando es preciso.

Además, mirando a los hombres de mi edad, comprendí que
las mujeres no
envejecemos solas........... nuestros amigos, nuestros
compañeros envejecen al
mismo tiempo, al mismo ritmo que nosotras y a veces más
dramáticamente que
nosotras. Conozco a los hombres de 55 a 60 años, nada
envidiables: Barriga
naciente y a menudo más que naciente, calvicie aparente,
gorditos en la cintura,
potencia sexual bastante afectada, andropausia y
compañía. La cultura,
siempre más benévola con los hombres que con las
mujeres, nos quiere hacer creer
que envejecemos solas................, pero conmigo no lo
logró.

Mis amigos varones me acompañan en esto y no siempre lo
viven bien a pesar
de una mirada más generosa sobre sus canas y marcadas
arrugas en la esquina
de su mirada. Al contrario, parecería que este hombre de
55 o 60 años, tan
moldeado con el tiempo como cualquiera de nosotras, es un
seductor tal vez,
pero máximo hasta la 11 de la noche.............. porque
más allá! No les
cuento! Y nadie lo cuenta! Incluso les diré que las
mujeres, en general,
envejecemos mejor que los hombres.

Hemos puesto tantas cosas, tantas pasiones, tantos viajes,
tantos
encuentros, que este otro tiempo que nos regala la vida al
llegar a los 60, es hoy día,
para las mujeres de mi generación, una posible fiesta.

Arrugas y canas me seguirán acompañando. Borrarlas,
negarlas, sería algo
así como una traición a lo que soy hoy día; sería como
renegar de estos
momentos de vida que me construyeron; como renunciar a la
imagen que me devuelve el
espejo cada mañana; como no aceptar la identidad que por
fin me define, me
da un nombre y a la vez me permite nombrar a los y a las
que me han amado, que
me aman, y, por fortuna, conozco hombres que se reconocen
también en mis
arrugas y no los sepultaré por medio de una cirugía
estética. Ahí están ellas,
grabadas en mi piel y les prometo que seguirán ahí.

Definitivamente quiero a mis arrugas y con ellas, la edad
que tengo.

FLORENCE THOMAS


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