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22 jun. 2011


Déjame ser Feliz!!!

Hace no muchos años, los terapeutas invertíamos buena parte de nuestros esfuerzos en ayudar a la gente a ser feliz. Ahora, por el contrario, tenemos que ayudarles a que los demás les dejen ser felices.

Vivimos en la cultura del fastidio, la agresión y el mal humor, causas, en no pocos casos, de trastornos psicológicos. Recuerdo aquel enfermo de hígado que vino a mi consulta porque su entorno familiar era destructivo; con mucha razón les decía: “Una cosa es que yo me muera y otra muy distinta es que mientras tanto me provoquéis una depresión”. O la actitud del hipocondríaco cuando su mujer le decía, con no poco temor: “Hoy me encuentro mal”, a lo que respondía: “Pues yo estoy mucho peor que tú”.

No hay cosa más triste que convivir con un triste, con una persona amargada que solo descansa cuando comprueba que quienes le rodean están al menos como él, y cuando logra contagiar su malestar. Se consuelan con las desgracias de la vida, porque solo cuando agrandan su amargura y la cuentan reiteradamente a sus allegados alcanzan su paz, una neurótica paz. Son especímenes de laboratorio, objetos de tesis de doctorado, singularidades angustiadas por el bienestar ajeno, entretenidos en el oficio del desánimo. Les fastidia una carcajada, las sonrisas les encorajinan, hunden cualquier ilusión, aunque sea comprarte un bolso en El Corte Inglés. O vives como ellos o te amargan la existencia.

“¡Por favor, dejadme ser feliz!”, es el objetivo que propongo a mis pacientes. Porque conozco bien la atmósfera de innumerables conciencias, insana, contaminante y perjudicial. Sus portadores se regodean en la tragedia y rememoran el dolor. Suelo retratarlos estereotipadamente con malas caras, ánimos decaídos, formas violentas, con aura de negatividad, sin ningún entusiasmo, recorriendo los caminos de la vida rodeados de un cortejo de familiares y subordinados que les enjugan las lágrimas de sus ojos y las tristezas de sus rostros.

Miren, considero que hoy día es una obligación estar alegre. La alegría dice mucho de la personalidad. El alegre atrae y encanta, porque a su lado se es feliz. Tiene el extraño poder de tornar los problemas en retos y las dificultades en oportunidades. Junto a él se duerme bien, con el alma descuidada y el cuerpo protegido por un inmenso amor, pues solo el amor verdadero mira el bien para los demás.

La persona que me ama está para todo, en todo momento, en cualquier circunstancia.

*** desconozco su autor ***


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